¡Me Engañó! – «La Estafa del Enamoramiento»

Al empezar una relación, como estamos enamorados, solo vemos lo bonito del otro, incluso tendemos a «inventar» virtudes que en realidad no existen. Y es a medida que va pasando el tiempo cuando vamos descubriendo aquello que no nos gusta.

Al hecho «terrible» de descubrir defectos en nuestro amado (o amada) hay que sumarle un extraño efecto que sucede en el inconsciente: va cobrando dentro nuestro una sutil e insidiosa idea de «me ha engañado». Por contraposición a aquella idea de «ser maravilloso» que teníamos de él o ella vamos viendo «la realidad»…y nos sentimos estafados.

Es importante recalcar que este «engaño», aunque en parte sí es achacable al otro (al principio de una relación todos mostramos nuestras mayores virtudes, incluso las exageramos y adornamos), es,  en un grado muy importante «culpa nuestra»….

¿Porqué es «culpa mía»?… Porque, al principio, ¡nos enamoramos!…

«¿Y eso es malo?», me dirás…. No, no es «malo». Pero hay que ser consciente de lo que implica el enamoramiento.

El enamoramiento puede definirse como un «estado de enajenación mental transitorio». Un estado de «percepción alterada de la realidad».

Cuántas veces habrás dicho u oído decir de una persona enamorada: «está en las nubes», «cuando estás enamorado todo es de color de rosa», «¿estás enamorada?…como tienes esa cara de boba feliz…»

Vas pregonando sus virtudes y, a veces, una amiga de confianza te dice: «¿estás segura?, a mi no me parece que sea tan…», a lo que tu contestas «eso es que no le conoces» (cuando en realidad posiblemente tu amiga, al no estar enamorada de él o de ella, tiene una visión más real e imparcial)

El estar enamorado (o enamorada) inevitablemente conduce a esa «visión alterada de la realidad». Y la mayor alteración es hacia nuestro amado (o amada)…no solo realzamos lo bueno que vemos en él (o ellla) si no que… ¡nos inventamos virtudes que no tiene!…

¡Cuántas veces en tu relación habrás dicho…»¡me engañaste!», «¡me dijiste esto, o lo otro, y era mentira!»…y tu pareja te haya contestado «¡yo nunca dije eso!»…

O, «¡me hiciste creer que tu eras … y no es verdad!», a lo que él (o ella) responden «¡yo nunca hice eso!»…»pero si yo nunca he sido así, ¿de dónde lo has sacado?»

Y tú, en vez de creerle te empeñas en que «te ha engañado».

Y no es verdad… ¡tú te engañaste a ti misma!…¡tú te engañaste a ti mismo!

O,mejor dicho, el enamoramiento hizo que te engañases…

LA SOLUCIÓN

Haz una lista de las virtudes que le viste, las que creías que tenía, y sopésala: ¿cómo es todo eso visto con perspectiva?

Es muy importante que seas imparcial. Que esa sensación de «estafa», que muchas veces degenera en rabia o indignación, no nuble tu vista. Quizás puedas recurrir a una persona que le conozca bien, un amigo, un hermano…para que te ayude a tener esa visión ecuánime.

De esta forma podrás ver «lo que es en realidad» y no «lo que tu creías que era».

Y sobre esta nueva visión del otro podrás valorarle de nuevo. Se «convertirá» en otra persona, sí, pero dejará de ser algo irreal producto de tu «mente enamorada». Ahora será real…

¡Y así podrás amar a una persona de carne y hueso, tal y como es!

No lo que pensabas que era y, aquí hago un pequeño inciso, no lo que quisieses que fuese. Lo que es.

O podrás decidir, sin rabia ni rencor, si quieres seguir estando con esta persona o no.